Esta semana nos dará la bienvenida una mexicana. Nacida en Chihuahua, Chihuahua (sí, como el perro) y de nombre Andrea Escárcega.

Dice Andrea:

“En México se dice que nuestra cocina está hecha para compartir. Quizás en gran parte porque al mexicano le sobran excusas y razones para sentarse (o quedarse de pie) a comer, echilarse y “enchilar a otros (sobre todo la última)”.

Como sucede muchas veces en el país vasco, a los mexicanos nos gusta comer y eso es razón suficiente para juntarnos a comer los tacos de barbacoa de la calle Villa, los elotes del puesto que hace esquina con la catedral, o el menudo que hace la señora de la calle 24º.

Simplemente se nos antoja comer… Y se nos antoja tanto, que incluso los menús de los restaurantes o las fondas mexicanas, tienen un apartado, llámese especial, donde enlistan los famosos antojitos mexicanos.

Verá, los antojitos agrupan aquellos platos que todos los mexicanos amamos comer, pero que entran en una especie de limbo de nomenclatura en un menú tradicional…

Un antojito no puede ser un snack. Las porciones son muy grandes y, por lo general, se comen después de estos; pero tampoco puede ser un entrante, ni un plato principal, puesto que el tamaño es muy pequeño. Tampoco se comen para abrir el apetito, como haría un aperitivo, sino más bien para satisfacerlo.

Un antojito es (en su medida) pequeño, se comparte, y vienen en diferentes formas, tamaños, salsas, chiles… Yo los pienso, más que nada, como una versión pequeñita y sencilla de todo lo que nos gusta comer en la calle, y pensada para compartirse en la mesa, en una fiesta, en una reunión… o simplemente porque se antoja.”

Para esta ocasión usaremos como base una masa de maíz para realizar tres de los más famosos antojitos mexicanos:

  • Sopes
  • Gorditas
  • Taquitos/tostadas

 

Antes de presentarse, Andrea nos confiesa que le da mucha vergüenza hablar sobre ella. Pero algo habrá que contar…

Es estudiante de 4º de Grado del Basque Culinary Center, pero dice que no le gusta titularme como cocinera, ni gestora, ni mucho menos profesional de gastronomía/hostelería.

“La realidad”, dice, “es que, aunque actualmente me encuentro estudiando Gastronomía y Artes Culinarias, el mundo de la cocina y la hostelería me es relativamente nuevo, puesto que no siempre me quise dedicar a esto: Antes de llegar a la hermosa Donostia me encontraba, curiosamente, estudiando medicina en Australia (padre cirujano y madre ingeniera química… de algún lado me nació el amor por la ciencia) y a diferencia de otras personas que han dejado sus estudios en carreras previas para dedicarse al mundo de la gastronomía, no dejé mi carrera de medicina porque me guste cocinar, sino porque me gusta comer.”

Continúa Andrea con una oda al buen yantar: “me gusta mucho comer, al mismo tiempo que adoro las liturgias que ocurren alrededor de una mesa; y tras estudiar y realizar distintas prácticas en restaurantes me di cuenta de que me enamora el concepto de “restaurante”, “puesto”, “fonda”, etc. y de la inseparable barrera invisible entre lo que pasa en el lado del “servicio” y lo que pasa del lado del “servido”, pero no disfruto tanto de participar directamente en ellas.”

“Dejé medicina no para cocinar platos, sino para cocinar (diseñar) esas barreras invisibles con el objetivo de algún día, si mi experiencia y habilidad me lo permite, dedicarme a escribir sobre ello, de una manera más periodística. ”

Con esta presentación era previsible que, tarde o temprano, terminase en el Hall of Fame de Omnivorous, el club de gente que come de todo (y disfruta mientras lo hace).

Habrá vino y tequila. #avisadosquedáis


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La fotografía de la cabecera es de XURDE.